Duele Venezuela, duele Latinoamérica
- simonrubinos
- 28 dic 2021
- 5 Min. de lectura
En El Desconcierto / 07-07-2019

Convengamos algo. En Venezuela efectivamente está pasando algo, es innegable. Están en juego coyunturas más allá de Guaidó y Maduro y de los cuatro millones de migrantes[1]. Estar a favor o en contra no es cuestión solamente de discutir modelos, donde dialécticamente la derecha ubicó a la izquierda como perdedora de un ajedrez geopolítico binario como si no existieran matices. Pero no, matices sí existen, pero para entrar en un debate sobre quién está en lo correcto, esta no es la columna para ello.
Por ejemplo, hace un tiempo el diputado por el Frente Amplio Gabriel Boric fue encarado por parte de la izquierda debido a una opinión matizada en cuanto a reconocer que en Venezuela se estaban violando los DDHH, en un arriesgado llamado a condenar toda violación a nivel global, en momentos en que la derecha chilena declaraba al Museo de la Memoria un montaje[2].
Volviendo al ajedrez, murió un capitán de corbeta el cual era investigado por el gobierno venezolano por conspiración, situación ante la cual el autoproclamado presidente encargado Juan Guaidó declara: “¿Dónde están los seis funcionarios? Exigimos verlos de inmediato, constatar su condición, su estado de salud, ¿o también los van a torturar a muerte?”[3], aduciendo a la existencia de otras personas involucradas, dando por cierta una situación que ha de ser sujeto de investigación por parte de las entidades públicas y veedores internacionales, donde ninguno de estos es imparcial.
Por un lado, tenemos un Estado con poderes repartidos a diferentes sectores políticos, con acusaciones cruzadas e instituciones paraestatales para asegurar la legitimidad de un bloque sobre otros; por otro lado, tenemos instituciones presionando y estableciendo sanciones de diferente índole para reducir arcas y grados de legitimidad a nivel global, así como se ha pujado para reconfigurar organizaciones supranacionales (de UNASUR a PROSUR) con fines principalmente simbólicos dado que no hay mayor discusión del modelo, lo cual ha polarizado el escenario geopolítico, remarcando bloques de la Guerra Fría que habían perdido sus aristas desde los 90’s, producto de la hegemonía neoliberal regente desde entonces.
En el ajedrez, el gobierno de Maduro ha hecho agua en ciertas materias, y ha sido afectado por la presión coyuntural, mostrando incapacidad en ciertas situaciones, siendo sobrepasado en otras, las cuales se enmarcan en la nueva ola de “golpes blancos” como fue bautizado el escenario brasileño hace unos años. Esta metodología viene en aplicación desde el gobierno de Reagan, momento en el cual EEUU desistió de apoyar directamente golpes de Estado, buscando a través del New Endowment for Democracy establecer la hegemonía del país por otras vías menos directas para controlar la aparición de modelos alternos.
Ahora, establecer la linealidad de las medidas desde el gobierno de Reagan hasta el de Trump puede resultar extenso; sin embargo, la sucesión de intervenciones estadounidenses en países donde hay grandes “acumulaciones de recursos naturales” muestra que su participación no es casual, en particular para el control de recursos estratégicos como los hidrocarburos, develando además la falta de interés por buscar alternativas al modelo productivo-extractivo que tiene al planeta al borde del desastre. En medio de esta situación, el pueblo venezolano ha visto mermada su calidad de vida, el aumento de tasas de homicidio, la devaluación, inflación y otras situaciones cuya responsabilidad no es exclusiva del gobierno de Maduro.
La suma de éstos y otros factores, han fomentado el desplazamiento aéreo (para quienes tienen la posibilidad) a países como Chile, o a pie (para buena parte de quienes han salido del país) cruzando la frontera/puente en Cúcuta, para emprender el viaje por tierra a diferentes ciudades colombianas para rebuscárselas.
Es precisamente dicha ciudad donde simbólicamente se realizó un concierto “en ayuda” al pueblo venezolano, con mucha parafernalia, pero que finalmente termino siendo otro dispositivo de poco vuelo por parte de una oposición que ha buscado diferentes herramientas para desestabilizar a Maduro, acariciando así sea en el discurso la idea de que un golpe de Estado sería lo único viable para “devolver la democracia” a un país “usurpado”, como dice Guaidó, quien ejerce libremente la oposición y convoca incluso a la insurrección a militares mediante engaños y mentiras[4].
Así, se han sumado una serie de intentos de “golpe blanco” a una gestión estatal que no es ya el proyecto chavista, que a su vez ha perdido peso y ha sido afectada por condicionantes internacionales como los bloqueos económicos, muy a la EEUU versus Cuba, y la baja de los commodities, cuya fluctuación es manejable y precisamente se da cuando los estadounidenses se transforman en potencia del fracking, con lo cual la industria petrolera venezolana ha comenzado un declive que ha ido dejando habitantes fuera de los beneficios del modelo extractivista. Quienes quedan al margen, migran buscando dónde rebuscárselas para encontrar fuentes de ingreso para sustentar una vida mejor, aunque en algunos casos salen de una carestía de elementos básicos a vivir en carestía en países donde los servicios son privatizados y las violaciones a los derechos humanos toman otras formas como pensiones de miseria, asesinatos de activistas sociales, o se criminaliza la protesta pública.
No obstante, el giro a la ultraderecha y la polarización hacen que la migración dentro de la región sea vista con resquemores, proliferando discursos xenófobos y violentos por parte de una población que se encuentra subjetivada por discursos manipulados, afectada por verdades tergiversadas, presentadas según quien sea el emisor y su interés, en contextos donde los discursos oficiales también son violentos.
¿Por qué se hace esta asociación? Porque el consigliere del presidente colombiano Iván Duque, Álvaro Uribe Vélez, señaló que Venezuela requiere una salida de fuerza, fomentando y mostrando el anhelo golpista y fascista en el mismo tenor que Trump, a sabiendas de lo nefasto y doloroso que ha sido ver a Latinoamérica como víctimas de golpes y dictaduras fomentadas por la derecha y EEUU, por lo que ver muros rayados con mensajes violentos para quienes buscan refugio en otro país no resulta extraño sino más bien triste.
En resumen, la crisis venezolana no es motivo de celebración para ninguna de las partes, el gobierno de allí ha sido incapaz con la situación que cada vez se vuelve más dificultosa producto del concierto hegemónico fomentado por EEUU. No obstante, las acciones emprendidas por un bloque u otro tienen matices, y su ponderación corresponderá a quien quiera cegarse con un extremo u otro. Sin embargo, e independiente de la posición respecto al gobierno de Maduro, es éste quien debe tener claro que debe haber un cambio que dé paso a una conciliación y enmendar el rumbo de un país que debe dejar de padecer la repetición de históricos patrones de corrupción.
El abuso de sectores al interior del gobierno legitima la postura imperialista, mientras que la imposición de medidas y el sobredimensionado interés en el monopolio de los recursos naturales por parte del otro bloque hacen que Venezuela duela y a su población le duela. Sin embargo, y muy a pesar de quienes despotrican contra el Socialismo, el neoliberalismo generará más despojo, pobreza y concentración de riquezas y territorios para el fomento del modelo en el país llanero, por lo cual una solución resulta compleja de visibilizar, pero son ellos quienes deben escoger el camino. Pero a su vez, duele la región entera, Latinoamérica duele, ya que a la fecha sigue siendo manipulada según el amén de países mejor posicionados en un escenario geopolítico que ellos mismos construyeron. En la coyuntura actual se observa el patrón impuesto por aquellos que han forzado golpes de Estado, desestabilizado democracias e incentivado bloqueos económicos en el concierto occidental, imprimiendo así los países hegemónicos el rol de región productora/extractora de recursos primarios, forzándolos a ser incapaces de desarrollar modelos contrahegemónicos que se alejen del modelo neoliberal. Latinoamérica sigue siendo un pueblo al sur de EEUU, donde en la disputa por su dominio son sus habitantes quienes pagan los platos rotos.
[1] http://www.el-nacional.com/noticias/mundo/acnur-cifra-migrantes-venezolanos-aumento-cuatro-millones_284629
[2] https://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2018/08/17/boric-llama-a-la-izquierda-a-condenar-situacion-en-venezuela-cuba-y-nicaragua-no-podemos-permitirnos-continuar-con-el-doble-estandar/







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